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Justicia

Creo sinceramente

que ya va siendo hora

de que haga justicia

con mis pensamientos;

Oscuros, sucios, voladores,

laberínticos.

Hoy he decidido

ir dándoles tan sólo

el lugar que se merecen

y tratar de descuidar

un poco menos

mis sentimientos.

Sentimientos que aparecen

en este otoño

como un mar de calor

y agradecimiento.

Es justo que diga

que me alegro tanto

de que me cuide así la vida

y me deje compartirla

con vosotros.

Que reconozca

que dando pasos

se construye mi vida;

Quizás no como la soñé

pero mi vida, al fin y al cabo,

y con vosotros

de la mano.

Es hora de hacer justicia

con lo amado y descuidado

de vez en cuando.

Y que en este blog

descuidado

afirme

que es un placer inmenso

caminar con vosotros en mi vida

con los que me la dieron

y los que la construyeron.

Que ni la distancia

ni la rutina

ni mis malos días

os alejan de mi,

incondicionalmente.

Y que me hace tan feliz

compartir contigo

mi amor, de nuevo,

este nuevo otoño.

Es curioso que no haya escrito nada sobre Florencia durante mas de un mes que llevó aquí, a pesar que he pensado hacerlo muchas veces.

Hoy, releyendo las cosas que escribía cuando vivía en Dublín, he entendido un poco esta ausencia literaria; durante este mes, pocas cosas he abarcado que no hubiera abarcado ya en mi primer exilio. Llegué vi y vencí, arropado por la experiencia. En cuestión de una semana tenía una vida montada a toda prisa; una casa preciosa, una semi rutina y una vida social aceptable.

Mentiría si dijera, a pesar de todo, que nada nuevo ha ocurrido. Aunque la verdad es que la adaptación en un país como Italia es un juego de niños comparado con la inhóspita Dublín – inhóspita no sería la palabra, ya que, con el tiempo, descubrí el calor de la ciudad, así que digamos, sencillamente, diferente-. Este viaje, sin embargo, se está mostrando hasta el momento mucho más íntimo, más interior, y quizás, más maduro. Consciente de que, vayas donde vayas, nada cambia en ti, el foco de esta experiencia se está centrando desde el principio en un viaje por mi mismo.

Por supuesto, no es esto lo que quiero contar aquí, sino las primeras sensaciones de un mes de vida en Florencia; los florentinos, los erasmus, los lunes al sol, la búsqueda de la rutina en el extranjero, la búsqueda de tu propio sitio, amistades y actividades, la espera de personas que aún no están , pero están, de alguna forma, cada día.

Y todo esto hace que este mes, aunque parecido en lo que a supervivencia se refiere, este siendo tan diferente a mi experiencia en Dublín. ¿mejor, peor?, seguramente ninguna de las dos. De todas formas, y esto si que me lo ha enseñado mi año en Dublín, todavía es muy pronto como para saberlo.

Las horas

Un segundo café a media tarde

Frases en mi ordenador, que hago y deshago

Un mirar por la ventana, dejando pasar el tiempo

Una canción para volar, a miles de kilómetros de mi cocina

Un añorar la lluvia, mientras cae la tarde,

dejando a oscuras mis pensamientos

Un temblar, y sonreir,

mientras visto y desvisto

mi desnudez

Un revisarlo todo, mientras las horas pasan,

y revisarme a mi, una y otra vez

Otro cigarro, y otro;

en uno me permito amarte

en otro me encierro de nuevo

en mis recovecos

Libero el deseo

y después el miedo

y los pasos me llevan

a mirarme

de nuevo en el espejo.

 

Así son las horas, los momentos,

que me hacen volver a ser un niño

y llegar a ser un hombre

Las horas que te anuncian,

que llevan tu nombre,

y traerán tu regreso

mientras yo amor

sentado en mi cocina

tan pequeño

te espero.

 

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